martes, 25 de noviembre de 2008

Hooligan por un día

Hablemos de fútbol, que ya tardábamos. Al fin podemos decir que hemos asistido a un encuentro de la Premier. No fue un duelo en la cumbre, ni mucho menos (algo así como un Real Sociedad-Betis). Pero nuestra visita a Upton Park mereció la pena. Sí, claro que volvería a pagar 45 pounds por ver un West Ham-Everton. El partido era lo de menos; el ambiente, lo de más.

Bufanda en mano y abrigados para la ocasión, partimos con antelación con el objetivo de inmiscuirnos de lleno en la cultura Hooligan. Así pues, empezamos a ponernos a tono en el lugar de encuentro de la temible ICF: el mítico Boyle. El pub acogía gente de todas las edades (varones en su mayoría) que demostraban en cuerpo y espíritu que el West Ham era para ellos su razón de ser. Desde el típico rapao con heridas de guerra, cerveza en mano, mente confundida y cuerpo tatuado; hasta el más pequeño de la familia, móvil en mano, mente perversa y cuerpo menudo. Ríos y ríos de cerveza animaban un agitado mediodía al ritmo del "Blowing Bubbles". Nosotros - expertos en el "Puta Compostela" y en el "Vamos, hoy hay que ganar", pero peces en cánticos anglosajones- tratamos de integrarnos tanto como la embriaguez y la confusión nos permitieron. Lo peor es que ni siquiera conseguimos pasar desapercibidos pues, fiel a mi corazón, entré en el templo sagrado de la ICF abrigado con una bufanda blanquiazul. Y claro, más de uno me confundió con un aficionado del Everton. No, no pasó nada: allí estaban mis dos guardaespaldas para salvarme el pescuezo.

La cerveza se impuso al agua de la lluvia y salimos bien calientes rumbo al estadio. Allí nos topamos con tres problemas: las estrechas puertas de entrada al recinto (suerte que el niño de Billy comienza a desaparecer), la prohibición de fumar y un complicado sistema de identificación de tickets con el que mi intrépido compañero tuvo alguna dificultad. Ya una vez dentro, tuvimos que desafiar las largas colas tanto para seguir reponiendo combustible como para apostar en Ladbrokes. Gotzon y Billy se encargaron de la primera tarea -casi en vano, pues a la grada no se podía acceder con garimbeo- y yo de tirar 2 pounds en sendas apuestas. Y bien, ya estábamos dentro. Éramos testigos de un partido de Premier, protagonistas de una hinchada que anima por zonas incesantemente durante todo el encuentro y espectadores de un duelo pobre en fútbol y rico en emoción.

El 1-3 final nos dejó con un sabor amargo. A un vasco más que a otros. Pero yo salí satisfecho. Tenía mono de fútbol. Vicio de ese deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre ganan los alemanes. Ganas de sentir lo que este juego me hace sentir: rabia; éxtasis y jolgorio; impotencia; satisfacción y orgullo; amargura; sonrisas y lágrimas; muchas y benditas lágrimas; enfados, alienamientos, llantos; empatía, camaradería y también alegría; sentimiento, por supuesto; un estado de ánimo; un gran domingo o simplemente otro domingo; imprevisible y ante todo emocionante. Un sinfín de emociones que emanan de mi cabeza como agua fluye por el Támesis. ¿Y hay quien todavía habla de 22 personas corriendo detrás de una pelota? Ignorantes.


jueves, 2 de octubre de 2008

I am IN

O lo que es lo mismo: estoy dentro. 28 días después de aterrizar en Heatrow -y coincidiendo con la fecha de mi vigésimo cuarto cumpleaños- recibí al fin la socorrida llamada. Atendí al reclamo que pondría fin a cuatro semanas de vacaciones en London para un total de más de cuatro meses ocioso. Acepté una propuesta irrechazable que colma la mejor de mis aspiraciones en esta aventura. Y dije sí a una oportunidad inmerecida a tenor de mi escasa iniciativa a la hora de encontrar trabajo. Inditex y su contrato laboral de 25 horas semanales tienen la culpa. Culpables son, pues, del fin de mi holgazanería y responsables, también, de que pueda comenzar a cumplir mi propósito de volver trilingüe a la que siempre será mi casa. Me pesa, pero lo reconoceré: ¡Bendita culpa!

jueves, 25 de septiembre de 2008

Y para viajar... la Oystercard

Ni tan cara ni mucho menos barata. Después de tres semanas en la capital de Europa doy fe de que se trata de una ciudad prohibitiva para el ciudadano medio y más aún para cualquiera de los más de 35 millones de turistas que la visitan cada año (porque, a diferencia de Coruña, London sí es turística). Dos necesidades suponen para mí el más doloroso desembolso: un bien como el tabaco y un servicio como el transporte. Por muy catalán que seas no podrás evitar rascarte el bolsillo para adquirirlos. En cuanto al enemigo nicotinoso del cuerpo humano, he llegado a pagar 8.50 libras (algo así como 10.7 euros) por un paquete de Lucky Strike. De ahí mi costosa decisión de traer de España ocho paquetes de 50 gramos de tabaco de liar, de los que sólo quedan cinco por diferentes motivos. Y en lo que respecta al transporte, actualmente pagamos 109 libras (unos 137 euros) al mes por poder movernos entre las zonas 1 y 3. Suerte que vivimos en la zona 2 y no en ninguna de las otras siete de la periferia. Como dato, un coche que entra al centro ha de pagar 10 libras cada vez que lo hace. Eso, más gasolina y parking, pueden suponer unas 500 libras al mes. Poca cosa. Además, los londinenses han de hacerse cargo de diferentes impuestos (llama poderosamente la atención que deban pagar mensualmente por disponer de los cinco canales básicos de televisión), pueden llegar a pagar 12 libras por ir al cine y te cobran según tu cara bonita en según qué pub.

Ante semejantes atracos, qué mejor suerte que llegar en el momento en el que el temible euro está haciendo temblar las balanzas monetarias al colocarse más cerca que nunca que su vecina la libra (1 libra = 1,26 euros). Y qué mayor ventaja que quedarse aquí y conocer las gangas que nos ofrece esta ciudad –que, como las meigas, habeilas hailas-. Momento de hablar, por ejemplo, de ropa. La usada, alternativa y curiosa que venden en los numerosos y baratos mercadillos de los diferentes barrios; y la barata y moderna de Primark, tienda en donde Blly y yo ya nos hemos dejado caer un par de veces. Tiempo también de referirse al alcohol y, como no, de la cita ineludible de cada lunes: el Walkabout. Y es que, después de llegar a pagar 5 libras por una garimba hemos encontrado en esta discoteca (y antigua iglesia) un referente en las noches londinesas debido al escaso precio de la pinta (1 libra) y el buen ambiente reinante. Y, asimismo, instante de dar a conocer lo que para ti probablemente sea más que tentador: menús de hamburguesa/kebab/alitas/costillas + bebida + patatas a 1.99 libras. Por todo ello, y haciéndome eco del pensamiento gallego del amigo Einstein, te contesto: ¿Es tan cara London? Pues depende.

martes, 23 de septiembre de 2008

The London Eye

Ya está aquí. Pronosticaron que llegaría el momento y así ha sido. Lo que el cine adelantó ha irrumpido con fuerza en la vida real. Los directores de El Show de Truman y The Big Eye ya lo advirtieron. Y hoy, es ya un hecho: nos vigilan. Los ciudadanos de a pie nos hemos convertido en marionetas de un sistema que nos controla las 24 horas del día. Uno se siente observado, cohibido, perseguido. Pendiente de la atenta mirada del London Eye. Y no, no me refiero a la majestuosa noria que alumbra el Thames y acompaña en lo alto al Big Ben. Estoy hablando del CCTV (Closed Circuit Television), que convierte a esta ciudad en la más vigilada del mundo. Ningún londinense puede obviar el sistema. Ya sea para tirar un papel al suelo, pelearte o hacer tus necesidades en la vía pública. Las cámaras te acompañan allá donde vayas. London te controla.

Claro que uno entiende los motivos que han llevado a las autoridades a poblar cada rincón de London de ojos virtuales. En tres semanas he oído y visto de todo. Prostitución, drogadicción, violencia. Escuchas a personas que han presenciado un tiroteo en una discoteca, a gente a la que le han robado con o sin intimidación y a víctimas de las acciones injustificadas de una policía que avasalla. Y presencias registros indignantes de porteros (a Billy uno le sobó su culito sexy, como para resistirse...), amenazas con arma blanca (Gotzon fue intimidado por un negrata a punta de navaja), peleas entre Hooligans y gorilas (¿has visto alguna vez el pie de un civil –que no civilizado- en la cara de un portero?) y moros de cacería (dos se bajaron de un coche y trataron de alcanzar a dos amigas nuestras que vinieron llorando a contarnos lo ocurrido). ¿Qué hacer ante esto? Billy trató de tomarse la justicia por su mano encarándose con unos nativos. Finalmente, no ocurrió nada. Y yo me pregunto: Si el último año murieron aquí asesinadas 200 personas, ¿cuántos homicidios se producirían sin la presencia del London Eye?

jueves, 18 de septiembre de 2008

London' s Holidays

Los días pasan y el stress aumenta proporcionalmente a nuestra mejora en lengua inglesa. Pero a la inversa. He hablado en euskera, filtreado con niñas suecas, bebido vino chino y filosofado con una kazaja. Pero ni rastro de ese gran desconocido que es para los españolitos el inglés. Así que hemos decidido aprovechar este tenso tiempo de espera para apuntarnos a clases. Vaya engaño. Dos horas y media diarias flanqueado por paisanos y aleccionado por profesores novatos. Pero dicen que a caballo regalado no has de mirarle el diente. Así que obviare mis facultades de odontólogo y trataré de aprovechar cada instante de tan soporíferas lecciones.

Ojalá nos hubiéramos adaptado al idioma igual que a las costumbres de la ciudad. He desafiado a mi reloj biológico ni más ni menos que 12 horas para pasar de despertarme de las 7 de la tarde a hacerlo a las 7 de la mañana. Transitamos rápido por las convulsas calles londinenses y comemos al mismo ritmo en parques o autobuses. Y es que el stress ha llegado a nuestras vidas. Y más aún teniendo en cuenta el vilo que nos corroe por la tan anhelada llamada laboral que no da llegado. Tan sólo ha socorrido a Gotzon –paradójicamente el menos bilingüe de los tres-, quien ha encontrado su auxilio como mozo de embalaje de uno de los Zara de Oxford Street. Ayer yo le eché morro y probé como barman de un importante hotel de la capital. Pronto se dieron cuenta de mi nula experiencia. Eso sí, les caí bien. ¿Será suficiente?

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Y es que me paso el día de juerga...

Es lo único que sabíamos hacer en Coruña y lo mejor que sabemos hacer en London. Claro que poco tiene que ver el salir de fiesta en una u otra ciudad. Es la capital británica una urbe cosmopolita donde sin drogas pareces no ser nadie y en la que las pintas de cerveza toman el testigo a nuestro querido 100 Pippers con Red Bull. Colocados de una u otra manera, sus habitantes y visitantes abandonan sus espíritus cansados antes de que la luz artificial sustituya a la tenue luz solar que proporciona un tímido sol. Una vez en uno de los múltiples y diversos garitos que oferta la ciudad, las almas de la noche mueven sus cuerpos al ritmo de la música hasta que el amigo Loren se pone (y no hablo de drogas precisamente).

Nosotros, como a todo desde que emprendimos esta nueva aventura, no hemos hecho si no acostumbrarnos a la tradición local. Si mi maltrecha memoria no me falla, no ha pasado ni un día en que el estimulante sabor de la malta no haya agitado mis papilas gustativas. Hemos salido de tarde y también de noche. Hemos bebido en casa, en la calle, en cervecerías, pubs y discotecas. Hemos ido de tranquis y hemos saludado a la almohada más allá del alba. Y sí, algunos ya nos hemos estrenado -otros se han quedado a medias y alguno ha intentado pescar en balde-.

martes, 9 de septiembre de 2008

A puntito de hacer las maletas

¿Eras de los que apostabas a que sería Billy el primero de los dos en volver? ¿Sí, no? Pues, querido amigo, a punto has estado de perder tan insignificante apuesta. No quiero entrar en detalles de lo ocurrido y no desvelaré el quid de la cuestión, así que sólo te resumiré el porqué de mis palabras.

La noche del domingo tuve un serio altercado con la policía en el que sólo la suerte evitó que tuviera que hacer las maletas y hacerme cargo de una cuantiosa multa que supondría un duro varapalo en mi recorrido nihilista por la vida. Fui detenido por cuatro miembros de seguridad quienes, bajo la atenta mirada de las cámaras de seguridad que vigilan London las 24 horas del día, me cachearon e interrogaron durante unos 10 minutos. 600 segundos de tensión y cero solidaridad. Como resultado de dicha inspección, consta en mi cartera un parte abierto del que espero no recibir noticias nunca.

Y no, no estoy orgulloso de lo ocurrido. Pero, una vez más, el cuerpo de policía demostró que no ha sido creado para salvaguardar al ciudadano si no para campar a sus anchas al margen de la ley. Y en este país, más si cabe. Habrá que andarse con ojo…

domingo, 7 de septiembre de 2008

Un pisazo que ni el de El Parrote

Ninguno de nosotros se pensaba que resultaría tarea sencilla. Ni mucho menos. Pero seguro que nadie apostaba a que habría que caer casualmente en el barrio más chungo de Londres y eludir a las mafias colombiana y paquistaní para encontrar acomodo en la capital del Reino Unido. Tampoco que habría que recorrer la ciudad de arriba abajo deshauciados por una incesante lluvia (o tal vez sí, Neptuno no da ni el mínimo respiro en estos lares) ni que el famoso Yandrax nos la juraría para que nos arrejuntásemos con dos gabachos que competían en salero con nuestra vieja amiga Miss Simpatía. Taras de un proceso de búsqueda costoso que al fin ha llegado a buen puerto. Y es que, tras dos jornadas cuanto menos peculiares, podemos decir orgullosos que ya tenemos piso.

Ubicado en la noble zona de Mile End y a razón de unas 80 libras a la semana por persona, este curioso inmueble nos servirá de techo durante una larga temporada. A mí, a Billy, a Gontzon y a nuestra nueva compañera Silvia (tudense y celtista). Ahora resta regatear al casero arousano un par de comodidades (véase Internet y la televisión de pago Sky –plataforma que posee en exclusiva la totalidad de partidos de la Liga-) y encontrar dos nuevas inquilinas (si tienes buena presencia, eres maja y de pecho sobrepasas la talla 90… ¿a qué esperas para llamarme?). Y, para esto último, hemos irrumpido con fuerza en la red con el siguiente, sincero y sugerente mensaje:

Hola, somos 3 chicos y 1 chica españoles que tenemos 1 piso compartido muy luminoso en MileEnd (zona 2), a sólo 3 minutos de la estación de metro y justo enfrente de la parada del bus 25 y 205 (nocturnos) y de la universidad Queen's Mary. La casa cuenta con todo tipo de comodidades (varias televisiones, tv por cable, internet..), 2 baños, 3 habitaciones amplias, un living room guapísimo, 1 cocina apañada e incluso una especie de terraza donde solemos hacer barbacoas. Actualmente, tenemos 2 plazas disponibles (bien en una habitación individual, bien en una doble). Hacemos la compra en común y premia el buen rollo entre todos nosotros.

Buscamos preferiblemente 2 chicas, ya sean españolas o extranjeras. El precio de la habitación doble es de 100 pounds (todo incluido) y 115 de la individual. Importantísimo: ¡Sólo pedimos 1 semana de depósito! Ya, ya sé que tiene buena pinta la choza. Así que si te interesa contacta con nosotros en cualquiera de estos 2 móviles:07505080444 (Diego) ó 07717762475 (Silvia). AbUrIñO!

Y es que ya se sabe que el objetivo de la publicidad es convencer al público de que realmente necesita tu producto, aunque para ello haya que maquillarlo (en nuestro caso le hemos echado rimmel, polvos y hasta pintalabios...).


sábado, 6 de septiembre de 2008

Se llama Gotzon y viene de Azkoitia

Ayer éramos dos pero hoy somos ya tres. Llegado de las vascongadas, ya está con nosotros Gotzon. Y vaya si ha rendido en su primer día en tierras británicas. Gontzon (Ángel en euskera) dejó una perla nada más aterrizar en el Generator: "Perdón, I a 2 number habitation". Sí, todo ese galimatías para decir que quería instalarse en la habitación dos. ¿No hubiera sido más fácil salir del paso con algo como: "I want the room number 2?". Sea como fuere, este personaje ha sucedido a Uche como revelación del verano con razonamientos como: "Es verdad tío, yo mismo me noto que estoy empanao. Deben ser los porros". Y es que, con un acento similar al amigo del "Corsa", responde con su DNI cuando le preguntan por su madre y descuelga el teléfono al grito de "¿a ver?".

Con solo 20 añitos, la estrella de la habitación número 2 del Generator (en clara competencia con una austrialiana que está que se rompe) ansía demostrar que London no le supera. El tiempo le dará la razón... o no.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Una cómica aventura

Fue allá por el mes de junio. Como no, ebrios. Rafa y su Aguillón fueron testigos. Testigos de un propósito que aquella noche pasó a juramento y que desde hoy es ya una realidad. Estamos en London.

Decidimos emprender esta aventura embriagados por el explosivo sabor de la Keller. Llana excusa para una idea que rondaba nuestras mentes y que hubiera encontrado su tubo de escape más tarde o más temprano. Entonces, uno se quedó en el camino. Pero el resto de los allí presentes cumplimos nuestra promesa. Y digo el resto porque paradójicamente estrechamos la mano con firmeza dos personas (el de aquélla Fukini –bautizado ahora inexorablemente como Uche- no apretó lo suficiente) y al viaje vamos tres: yo, Billy y el niño que lleva dentro (sí, mi intrépido compañero no pudo resistirse a la inigualabe tentación de las latas de conservas). Y espérate que no venga un cuarto de pelo fuerte, cola cansada y dulce aroma.

Billy y yo ya estamos aquí. Hoy, miércoles 3 de septiembre del 2008. Qué será de nosotros nadie lo sabe. Cuándo volveremos, tampoco. Sólo la red mediará entre tú y nosotros. Así que si quieres saber el nudo y desenlace de esta cómica aventura permanece atento a estas líneas. Y si no… permanece atento a estas líneas.

jueves, 28 de agosto de 2008